No exijo ser amada, respetada, atendida, ni imito a las esposas o novias con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No obligo a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupo la sangre ni el tiempo; soy limpia de culpa; recibo en mi seno a los pecadores, escucho las palabras y los sueños, sonrío y beso. Soy paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor.No engaño a nadie, soy honesta, íntegra, perfecta; anticipo mi precio, enseño; no discrimino a los viejos, a los criminales, a los tontos, a los de otro color; soporto las agresiones del orgullo, las asechanzas de los enfermos; alivio a los impotentes, estimulo a los tímidos, complazco a los hartos, encuentro la fórmula de los desencantados. Soy la confidente del borracho, el refugio del perseguido, el lecho del que no tiene reposo.
He educado mi boca y mis manos, mis músculos y mi piel, mis vísceras y mi alma. Sé vestir y desvestirme, acostarme, moverme. Soy precisa en el ritmo, exacta en el gemido, dócil a las maneras del amor.
Soy la libertad y el equilibrio; no sujeto ni detengo a nadie; no someto a los recuerdos ni a la espera. Soy pura presencia, fluidez, perpetuidad.
Sobre esto, Sabines escribió canonicemos a las putas... =P
1 comentarios:
Y de aplaudir la manera tan exacta de usar las palabras para que coordinen y formen un texto en una prosa fantástica ¡saludos!...
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